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Se pasaron muchos sofocos
y sustos por culpa de las brujas, si una de estas mujeres que
practicaban la hechicería, se enamoraba de cualquier hombre, le hacían
toda clase de maldades, inclusive a las cónyuges o novias de ellos, a
las que consideraban sus adversarias sentimentales. Entonces
aprendieron a ahuyentarlas de sus casas y cogerlas con palos de
crucetas, las amarraban, desnudaban y las encueraban con palos de yuca.
De esta forma las fueron haciendo desaparecer del ambiente nocturno y
alejarlas de estas prácticas, pero se comenta que todavía en el Alto, de
que las hay, las hay.
Este sitio conocido como
“El cerro de las Brujas”, lugar que se convirtió en el punto de
encuentro y “residencia” de muchos novios y amantes. Ahí era donde
también iban los estudiantes, en los recreos a buscar guayabita perulera
y el “bollo mojoso”. Quizás muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de
comerlo; un frutillo tropical exótico, exclusivo del cerro de la brujas
y la Matta, que ha desaparecido del sector y cuando la comíamos, nos
dejaba la lengua morada.
El Profesor Justino
Centeno, les tenía prohibido a los estudiantes, ir al cerro de las
brujas o coger para La Matta, pero siempre los descubría cuando les
revisaba la boca y tenían la lengua morada. Esto era causal para
llevarse unos reglazos, “perrerazos”
y ser arrodillado encima de unos cascajos o granos de maíz.
LOS SABIOS Y BRUJOS
En este
mundo encontramos algunos personajes, que por sus cualidades se
caracterizaron y que también ayudaron a la construcción del mito, la
leyenda y la historia nuestra.
Gentes
con un poder sobrenatural y enigmáticos. Algunos de ellos nunca
fueron a la escuela, jamás leyeron un periódico, no aprendieron a
firmar, no conocieron la portada de un libro, no escucharon una
emisora. Sin embargo, anclados en su propia magia, curaban,
trabajaban, inventaban dinero, se defendían del maleficio, se salían
de las casas sin pasar por las puertas, presentían visitas, se
adelantaban a la trampa, al puñal o al veneno, curaban al ganado,
expertos en mordeduras de serpientes, en el mal de ojos, leían la
suerte, incluso sin estar presente en el sitio, rezaban las cosechas
para hacer salir las plagas y ejecutaban otras artes.
Dentro
de esta gama de personajes podemos destacar al Momposino Jeremías
Beleño, hombre que representaba una singularidad especial; además de
enseñarles el arte de la carpintería a los primeros pioneros de esta
profesión, como lo fueron Buenaventura Vásquez, Manuel H. Zabaleta,
Dionisio Molina, Alfredo Pérez, Newton Martínez, Martín Vásquez,
Kosca y Victor Villarreal, dio muestras del dominio del arte de la
magia y la brujería, como el de sacar el ron y la plata de los
mostradores y del bolsillo de las gentes sin tocarlas, es algo para
pensar y recordar, así como su casa cuidada por una calavera de
nombre Margarita y que contestaba cuando preguntaban por él, es algo
inusual, así como el alboroto que se formaba en su casa cuando
alguien entraba sin permiso. Esto lo pueden confirmar personas que
aún viven, como nuestro paisano Victor Villarreal, que pasó muchos
sustos con Jeremías.
El Caso
de nuestro abuelo Felipe Molina Altamar, quien guardaba en su casa
en una caja de madera, una carabela, supuestamente de un compadre y
todos los años el 1º. de Noviembre, día de los difuntos, la sacaba a
pasear por el pueblo. Decía que ella era su amiga fiel y le contaba
todo lo que sucedía en la casa cuando el no estaba.
La
historia del también Momposino Fruto Gómez, en la batalla que
sostuvieron los habitantes del Alto en Talanquera, con la policía
Chulavita, cuando venían a incendiar el pueblo, en la guerra de los
mil días en 1901. Fruto tomó el mando del grupo y con una sola lanza
en mano derrotó a la policía, que intentaban dispararles desde
todos lados y las armas no les funcionaban , acabándolos a casi
todos y de los nuestros nadie sufrió un rasguño. Este caso y el de
otros señores como Tomás Polo y Cresencio Trespalacios, dejaban
alelados a quienes los veían actuar con sus magias y secretos
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